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viernes, 6 de octubre de 2017

Para futuras mamás y papás

Hoy quiero compartir como han sido los tres/cuatro primeros meses con un recién nacido, con mi hijo Unai, ya que mas o menos la mayoría de las mamas pasamos por lo mismo y la mayoría de los bebés se comportan igual durante esos primeros meses.

Lo hago de cara a las futuras familias primerizas y a aquellas que estén pasando por ello. Parece que si sabes que alguien está igual que tu ¡te quitas un peso de encima!😄

Lo quiero hacer también antes de olvidarlo, antes de que pase este tiempo, antes de que quede en el recuerdo.

No sé si porque con Delfinete el postparto fue un poco difícil y porque es tan intenso ese periodo que los días pasan volando, tengo un vago recuerdo de esos primeros meses con el en casa.

Al nacer Unai me dije que esta vez iba a ser completamente diferente, sin agobios, sin tristezas y como ya me lo sabía, iba a estar "chupao".

JAJA que ilusa, Unai me ha enseñado que la experiencia es un grado si, pero que cada bebé es único y que tienes que hacer un gran trabajo para establecer vínculo y conoceros bien.

Con Unai he tenido mas complicaciones en los primeros meses que con Delfinete.

Mientras que al mayor no tuve que llevarle al médico hasta el año por una otitis con Unai estaba a los cinco días porque se le había caído el cordón umbilical sin haberse cerrado el agujero. A los veinte días por unos mocos tremendos que le impedían tomar bien el pecho. Al mes porque seguía sin tener el ombligo cerrado.Quince días mas tarde porque regurgitaba mucho, vamos que devolvía bastante y le notaba muy incómodo. En la revisión de los dos meses me mandaron un colirio para los ojitos llenos de legañas que no se iban ni con suero ni con nada. Quedada con mi prima fisio para que me ayudara con el tema de los cólicos. Visita a otra pediatra para pedir una segunda opinión para valorar las regurgitaciones. Cita con una matrona actualizada en lactancia materna para que revisara el agarre del bebé porque yo no lo veía bien del todo. Y ahora estamos otra vez con mocos.

Ya he comentado alguna vez que a pesar de tener experiencia en dar el pecho con Delfinete dos años, he tenido complicaciones con Unai, mastitis, dificultad de agarre, exceso de producción ... y también se que sin esa experiencia previa y todo lo aprendido hasta ahora sobre lactancia materna probablemente ya habría desistido con Unai y hubiéramos fracasado en nuestra lactancia.

¿Más fácil con el segundo eh? jaja

Pues nada, deciros que todo esto en un recién nacido es normal.

El tema de los cólicos es algo difícil de gestionar. Sobre todo porque el rato ese que el peque no deja de llorar y nosotros ya no sabemos qué hacer es horrible. Verle sufrir tanto y retorcerse porque tiene un pedete, un eructo o una gran cagada que le provoca un dolor terrible a nosotros nos inquieta mucho.

Delfinete no tuvo episodios de cólicos recurrentes, si tuvo alguno esporádico que lo resolvíamos bastante bien con una duchita de agua calentita y un poco de teta.

Al final todo pasa porque maduren el aparato digestivo, mientras, si podemos aliviarlos con masajitos, pues mejor. Yo no soy partidaria de tratamientos homeopáticos, infusiones o medicamentos sin antes valorar otras opciones, pero reconozco que aquí cada un@ y cada médico es un mundo.

Con el mayor todo lo resolvía con el pecho pero con el pequeño no ha sido así. Hemos tenido que sacar toda nuestra inventiva para crear las condiciones mas adecuadas y que el peque estuviera a gusto porque ... si, reconozco que Unai es un poco especial.

Unai no duerme boca arriba como te recomiendan actualmente todos los pediatras. No. Unai duerme boca abajo porque así lo ha querido. Después de probar mil y una maneras de colocarle con almohadas, cojines, de lado, del otro lado yno durar mas de diez minutos seguidos probamos a ponerle boca abajo. Tres horas seguidas. Y así desde el mes y medio.

Aquí algun@ se echará las manos a la cabeza y dirá: si te recomiendan ponerle boca arriba para que no se ahogue si vomita, que si el síndrome de muerte súbita, que si no ladea la cabeza y se va a asfixiar ...

¿Vosotr@s sabéis las dos semana que pasamos en casa con un bebé super irascible por no dormir mas de diez minutos durante el día, estando mas que irritable y la idea de ser una mala madre por ponerle a dormir bocabajo con un miedo y culpa horrible?.

Qué dos semanas de desesperación porque Unai era un bebé que no dejó de llorar y gritar hasta que descubrimos que la postura que el prefería para dormir, para estar relajado y poder descansar era bocabajo, con su cuerpo en contacto con la cama que olía a mamá.

Además, Unai me ha recordado que el lugar donde mas a gusto está es con mamá y que el capazo del carro no es para el. Que la bandolera se ha convertido en su lugar favorito. Y que las noches del primer y segundo mes las tenía que pasar tumbado en mi pecho.

Siempre digo que los primeros quince o veinte días de vida de Unai, estaba sumido en un letargo tramposo. Tod@s decíamos qué bebé tan tranquilo, que poco se queja, qué bueno es.

¡¡ Una 💩!! En cuanto despertó, no veas como reivindicaba, lloraba y se quejaba,(como debe ser hijo, no seas conformista)😂

Parece que ahora que ya ha cumplido los 4 meses está mas tranquilo. Parece que ya se está adaptando al mundo exterior poco a poco. Parece que ya llora menos.

Como siempre digo, es cuestión de tiempo. Nacemos muy inmaduros y pasamos un periodo de exogestación lleno de cambios, nuevas sensaciones y evoluciones.

Y nosotr@s como padres primerizos, o ya veis que no, que con el segundo también hay muchas dudas, nos podemos agobiar, sentir mal, culpables, llorar y reír a partes iguales ...

Después de la parrafada, os dejo una lista de cositas que son normales en los primeros meses de nuestra recién estrenada maternidad y paternidad:(teniendo en cuenta que cada bebé/familia es un mundo diferente):

- los bebés lloran, algunos mas,otros menos pero todos lloran y en un momento determinado parece que el nuestro llora mas que cualquiera. Tenemos que tener en cuenta que es su manera de comunicarse y de decirnos que hay algo con lo que no está conforme.

- los bebés maman mucho. Mucho, mucho, mucho. Es normal que quieran estar pegaditos a la teta constantemente sobretodo los primeros días. Si el bebé coge peso y en las revisiones todo está bien, no os preocupéis por tener un bebé que pide teta cada hora.

- pocos, muy pocos bebés duermen del tirón siendo tan pequeños. Es normal que tu bebé se despierte cada poco. Que nadie trate de convencerte de lo contrario. Suerte las familias que les sale un bebé dormilón, os envidio.

- los cólicos son normales, los llantos a ultima hora de la tarde, también. Intentad resolverlo de la mejor manera que podáis y creáis. Cuidado, digo que son normales hasta cierto punto, si creéis que debéis acudir al medico, no dudéis.

- que tu bebé prefiera estar tooodooo el santo día en brazos y llore cada vez que le dejas en la cunita o carro y calle cuando lo coges, normalísimo. No hagas caso del recurrente: se va a acostumbrar a los brazos.

- A las mamis: es normal y sano que durante los días siguientes al parto lloréis, os sintáis mal, no estéis todo lo contentas o felices que se supone "se debe", estáis un poco conmocionadas, volváis a llorar, no os sintáis a gusto con vosotras mismas, tengáis miedos y dudas. Estáis agotadas, cansadas, doloridas y lloréis de nuevo. Todo esto es normal. También es normal y sano estar felices, contentas, alegres y llenas de vitalidad. Los cambios hormonales que suceden en nuestro cuerpo nos dejan un montón de emociones que todas a la vez son difíciles de gestionar. El parto nos puede dejar tocadas emocionalmente.

Ánimo, todo pasa, todo llega. Disfrutar al máximo de esos primeros meses que pronto se van. Delegar, pedir ayuda y hablar mucho de lo que os pasa por la cabeza. Apoyaos en la pareja, la familia.

Y os recomiendo sinceramente que acudáis a un grupo de apoyo a la lactancia materna o a un grupo de crianza, aunque no des el pecho, hay un montón de mamis que están pasando por tu misma situación y van a comprenderte sin juzgarte.

Paciencia, mucha información antes y después del embarazo y parto, oídos sordos a comentarios que no aportan nada y críticas des-constructivas. Mas paciencia y comprensión con ese bebé que acaba de nacer y que solo quiere estar pegadito a ti. Y paciencia y comprensión con la nueva mujer en que te estás convirtiendo.

Y las parejas/papis recientes lo mismo, mucha paciencia, mucha comprensión y ayudar en todo lo que necesite la mamá. Apoyarla. Sois un pilar fundamental en el bienestar de la familia.

Confiar en vuestro instinto, nadie lo va a hacer mejor que vosotr@s.









miércoles, 27 de septiembre de 2017

La Violencia Obstétrica está presente ...

Llevo unas semanas dándole vueltas a un tema muy delicado y hoy después de releer los post de mis partos me lanzo a escribir sobre ello.

Ahora sé que mucho tiene que ver el tipo de parto que hayas tenido con el postparto que tendrás después.

Después de casi tres años desde que nació Delfinete entiendo muchas de las cosas que sentía durante los meses siguientes.

Y es que, si no has tenido el tipo de parto de querías, ni si quiera se ha parecido un poquito a lo que esperabas, tienes que pasar un duelo.

Y hay que llorar ese duelo.

Que casualidad que hoy mismo, echándole un vistazo a los vídeos de Míriam Tirado, he visto uno que hablaba precisamente de esto, de cuando las mujeres no tenemos el tipo de parto que habíamos imaginado.

Además hace un par de semanas comentaba con otra mami este mismo tema. Y me dió qué pensar. Ella también tuvo un parto que no esperaba. Y también coincidía en que eso influyó en su puerperio.

Me alivió mucho saber que hay muchas madres que pasan por lo mismo. Como siempre digo, no estamos solas. Muchas mujeres pasamos por lo mismo.

Después de estos casi tres años de maternidad todavía alucino cómo sigo "revolviendo" en el pasado. Sigo dándole vueltas a por qué no hice esto o aquello durante el parto, por qué no dije esto otro, por qué no me negué, por qué aguanté tanto ...

Supongo que siempre es lo mismo: falta de seguridad en una misma, falta de apoyo emocional, falta de profesionales empáticos, falta de información.

Pienso en mis dos partos y tengo una espinita clavada. No he tenido el tipo de parto que yo quería.

No han sido partos espontáneos.

Han sido inducidos, los dos.

No han sido respetados.

Han sido partos medicalizados.

No han sido partos naturales.

Han sido partos eutócicos, vaginales, si, pero no han sido partos en los que se haya respetado el ritmo de mi cuerpo.

Podría haberse hecho de otra manera.

Podrían haber esperado a ponerme de parto en vez de empezar con tanta medicación desde el principio.

El parto de Delfinete podría haber sido mas intimo, sin tanta intrusión en el paritorio, como el de Unai.

Podrían haber sido partos mas tranquilos.

Podrían haber sido partos menos medicalizados, mas conscientes.

Podrían haber sido mas libres.

El primer parto podría haber tenido menos faltas de respeto por parte de la ginecóloga de turno.

Podría haberse ahorrado ese comentario que me llenó de miedo.

Podría haberse ahorrado el intento de hacerme la Maniobra de Kristeller.

Se podría haber ido a la mierda.

En fin...

Delfín siempre me dice que tenemos que estar agradecidos porque todo salió bien. Los niños salieron bien, yo quedé bien.

Lo que dice es cierto en parte. Tiene toda la razón en alegrarnos por los dos bebés sanos.

Pero yo no quedé bien.

A mí me quedó un miedo horrible, una sensación de rechazo y culpabilidad al mismo tiempo.

Me quedó también una falta de confianza en mí misma muy grande.

Pero claro, esas "heridas" internas no se ven. Solo se sienten. Solo las siente una misma en silencio.

Además, ¿qué hago yo con todo el dolor de mi corazón por no haber tenido unos partos como yo quería? .

No puedo obviar esa parte. Porque eso es lo que sentí y lo que todavía aún siento.

No puedo negar que siento ese dolor, esa pena, esa espinita clavada.

Así que ahora comprendo los primeros meses de mi postparto tan duros y tristes.

Estaba cuidando y criando a un recién nacido sin saber cómo y estaba pasando por un duelo de un parto no deseado.

Ahora entiendo que las lágrimas que soltaba estaban cargadas del dolor del parto.

Esa fue mi manera de expresar ese dolor.

En mi primer parto hubo Violencia Obstétrica. La ginecóloga esa que quiso subirse en mi barriga sin mi consentimiento intentó acelerar el proceso de parto de una manera inhumana. Esa misma que me amenazó con hacerme una cesárea si no pujaba mejor.

Ahora me arrepiento de no haber puesto una queja a esa persona.

Además dejaron entrar a un grupo de cuatro o cinco personas que estaban en prácticas sin preguntarme antes. Estaba en pleno proceso de expulsivo, en el paritorio, en un momento crítico.
Pero claro, yo no había oído hablar de la Violencia Obstétrica, ni se me pasó por la cabeza quejarme, ni nada de nada.

¡Mujeres del mundo que váis a dar a luz!: no dejéis que nadie os humille, os avergüence, se meta con vosotras, os conteste mal, os haga cualquier procedimiento sin vuestro permiso, os separe de vuestr@ acompañante o bebé sin ser necesario, no dejeis que nadie os haga sentir mal.

Y si os pasa y en ese momento no estáis en condiciones de reclamar o quejaros, hacedlo después. No lo dejéis pasar.

Debemos cambiar el prisma con el que se atienden la mayoría de los partos.

Menos mal, quiero creer que cada vez mas, hay profesionales de la salud formados y que creen en un parto mas respetado.

Ese ha sido el caso de las dos matronas que atendieron mis partos.

Dos profesionales que solo tuvieron palabras de ánimo y de apoyo. Que supieron evitar las prisas y escuchar el ritmo de mi cuerpo. Que cuando entré en bloqueo supieron sacarme de esa situación.
María, la matrona que atendió el parto de Delfinete, que supo intervenir cuando la ginecóloga sacó su mala leche, cuando entró el grupo de prácticas.

Y gracias a la auxiliar que me daba sorbitos de Aquarius y me mojaba los labios con vaselina, que fue toda ternura y amor.

Y la matrona del parto de Unai que cuando me vio la cara de susto al decirme que me tenían que inducir el parto me dijo que confiara en mi. La misma que me indicaba cuando empujar y me untaba bien de lubricante para no desgarrarme.

Hay un millón de historias diferentes,de partos diferentes, de mujeres diferentes. Y un millón de historias no contadas, no lloradas y no expresadas.

La violencia obstétrica está muy presente, por desgracia, en la mayoría de los hospitales.

Esto tiene que cambiar.

Da igual que queramos epidural o no, que aceptemos la oxitocina o no, que queramos parir de pie, a cuatro patas o tumbadas, que gritemos, que lloremos o que llamemos a voces a nuestra madre ... si es lo que queremos, si es lo que pedimos, nos deben RESPETAR nuestra decisión.

Hay que dar voz a todas esas vivencias difíciles.

Hay que apoyar a todas esas mujeres que hemos tenido un parto que no deseábamos. 

Hay que cambiar el paradigma del parto actual.

Es difícil hablar de este tema. Me cuesta porque me remueve mucho.

Os dejo el enlace del video de Miriam Tirado, precioso, como siempre fantástica.


Gritemos por nuestro parto respetado igual que gritamos para traer al mundo a nuestr@s hij@s. 

lunes, 17 de julio de 2017

Contigo empezó todo

Si, con el embarazo de mi primer hijo empezó todo.

Cuando supe que estaba embarazada comencé a informarme mucho, tanto que desde ese momento hasta ahora, he tenido que "bajar el ritmo" varias veces porque tenía demasiada información que procesar y me volví una obsesa por intentar saberlo todo acerca del embarazo, bebés, niñ@s ...

Creía que aprendiendolo todo, sería mucho más fácil. Y si, estar informada es lo mejor que hay, te da poder para elegir, te ofrece alternativas ... pero no es lo mismo la teoría que la práctica.

El caso es que incluso antes de ser madre ya daba lecciones de sabiduría maternal a los que ya eran padres, y juzgué. Juzgué mucho. Que si hacen esto, que si hacen lo otro, que eso no es bueno para el bebé ... pero de esto, hablaré en otro post mas largo y tendido.

El embarazo de mi primer hijo trajo consigo una revolución en todos los ámbitos de mi vida. Primero una revolución en la mirada que tenía hacía l@s bebés, l@s niñ@s, la infancia.

No recuerdo como descubrí la llamada «crianza con apego». Me encantó desde el principio. Quizá porque me parecía lo normal, lo que sentía que debía hacer con mi bebé: no dejarle llorar, estar cerquita de mamá, darle teta ... y amor, muuucho amor, amor infinito. Así empecé a conocer términos nuevos como colecho, BLW, porteo ergonómico, piel con piel ... mas tarde llegaron otras nuevas palabras: que si Montessori, Waldorf, la mesa de la paz, la mesa de luz, la torre de aprendizaje ... y al cumplir los dos años siendo mamá apareció algo precioso: la disciplina positiva. Tengo tanto de que hablar, tanto que agradecer y tanto que aprender de ella que también le dedicaré otro post. ;-)
Luego vinieron una serie de revoluciones a nivel personal. Fueron varias. Empecé a ver los cambios en mi cuerpo, que bonito llevar una vida dentro, un bebé que se convertirá en un adulto, con sus propias ideas y opiniones. Los dos embarazos los he disfrutado mucho, he de decir que estar embarazada me sentaba genial, han sido nueve meses de cambios físicos, psicológicos, emocionales, personales, a nivel de pareja, toda una revolución hormonal. Empecé a valorar, a apreciar y a admirar el cuerpo de la mujer, mi cuerpo.

También aprendí el verdadero significado de familia. Yo estaba formando la mía. Cambió mi perspectiva hacia mis padres, sobre todo cambió el modo en que veía a mi madre. Ya me acercaba un poco más a entender como quiere una madre.

Estas revoluciones fueron fáciles digamos de llevar. Fueron bonitas desde el principio.

Pero luego vino el parto (el primer parto se merece un post escrito a conciencia y con pañuelos al lado). Eso si que fue una gran revolución. Primero porque nunca antes había experimentado tanto sentimiento y emoción juntos. Conocí el miedo, aprendí que el miedo paraliza. Conocí el dolor, el físico y el emocional. Apareció la culpa. La culpa. Esa que acompaña a la maternidad desde el principio. La frustración, la soledad, la ira. El desengaño con mi parto idealizado. Me di de bruces contra el suelo cuando conocí la tristeza, esa que durante el primer mes no me dejaba disfrutar de mi bebé.

Todas esas pequeñas revoluciones se convirtieron en la gran revolución cuando entré en conflicto conmigo misma, cuando perdí mi identidad para construir otra nueva.
También revolucionó la vida en pareja. Dejar de ser dos para ser tres. Enamorarme de un tercero, de ese bebé pequeñito. Me pasó factura, mucho. Olvidé que él, mi marido, estaba allí conmigo, me olvidé de cuidar esa parte de nuestra vida.

Más adelante conocí el perdón, el perdón a uno mismo. Otro post pendiente ...
Y por fín conocí el amor. El amor incondicional. El amor de una mamá. El amor puro, el amor que la mayor parte del tiempo es sano, pero que a veces está contaminado.

Volví a admirar a la mujer. Somos heroínas. Somos magia, somos vida.

Y después llegó el segundo embarazo. Mismos síntomas, mismo bienestar, mismo emponderamiento. Muy conectada con mi cuerpo pero menos consciente ... tener un niño de dos años hacía que le prestara menos atención al embarazo y se me pasó muy deprisa.

El segundo embarazo, el segundo parto, el segundo puerperio. No ha tenido nada que ver. Hubo algún momento de miedo, el día que me quedé ingresada para dar a luz, pero todo ha sido diferente.
Todas las revoluciones del primero me enseñaron para el segundo. Pude disfrutar del pequeño desde el minuto uno. El amor nació desde que le vi. Ya sabía que era tener un hijo por lo que idealicé menos y sentí más.

En fín, mis hijos son mis pequeñas grandes revoluciones.  Como algo tan pequeñito, tan inocente, tan dependiente pude crear algo tan grande, una revolución.

Os dejo esta canción taaaaaan bonita del grupo Izal, para que entendáis un poquito como me siento. Es un temazo precioso.

Y se la dedico a mis hijos, Delfín y Unai.